“Solo un sueño”





 Publicado en el libro colectivo "Relatos urbanos. Relatos humanos", Editorial Club Universitario. Alicante, 2006
___________________________________
  
Un solar lleno de deshechos, hogueras de cartón, caravanas derrengadas y coches destartalados. Alrededor de las hogueras, familias. Mujeres, hombres, niñas, niños, ancianas y ancianos. Chuchos, gatos y ratas.

   ¿Qué es lo que estaba mal?

 La piel de esos indigentes sin hogar: blancos, rubios. Perfectos.

  Ellos, de traje; impecables. Ellas, con vestido; de vértigo los tacones. Las niñas, vaporosas; los niños, seriecitos. Las ancianas y ancianos, venerables y limpios. Chuchos, gatos y ratas con collar, identificación y bozal.

  Y en la calle, la vox populi: la reportera, de etnia gitana, intercepta a un transeúnte, de rasgos árabes. El cámara, senegalés, centra el encuadre. Se acerca una mujer, sudamericana, y alarga el cuello para poder salir. Una y otro opinan lo mismo: «Blancos de mierda».
  El sueño acaba de golpe. Manuel se despierta, empapado y jadeante. Mira por la ventana. Llueve, hace frío. El solar frente a su casa está embarrado. Los perros, flacos y hambrientos, husmean por los charcos. No se ve a ninguno de los rumanos que llegaron el mes anterior con sus caravanas. El agua ha empapado los restos de las pancartas de la manifestación de la semana pasada. Lograron echarlos a todos de allí. Por sucios y problemáticos. Por pobres. Por su piel. Por su habla. Por todo. Por nada.

  Manuel se deja caer sobre la cama otra vez. Piensa en el sueño y siente un escalofrío, seguido de un inmediato alivio al darse cuenta de que solo se trataba de eso, de un sueño.

  Una pesadilla.

 Sin embargo, no le es fácil conciliar el sueño de nuevo.  Tarda mucho. Y entonces, de repente, se da cuenta del porqué.

  Está avergonzado.

  Avergonzado de su alivio.



No hay comentarios:

Publicar un comentario